El fracaso del español y el éxito del inglés en las Filipinas: dos sistemas diferentes de planificación lingüíistica

-Nick Redmond-

Introducción

Las Filipinas, descubiertas por primera vez por Fernando de Magallanes durante el marzo de 1521, se hacían parte del imperio español durante el año 1565 y empezaban algunos trescientos años debajo del poder del rey de España. El deseo más importante del imperio español era la constante evangelización de sus territorios, y, desde el principio, los misioneros católicos necesitaban superar muchos problemas para diseminar la fe a los indígenas. El raíz de estos problemas era las diferencias lingüísticas entre los frayes españoles y los indios, y estas diferencias atormentaban aquellos miles de islas hasta la terminación del control español durante el año 1898. Los españoles nunca podían usar una planificación lingüística eficaz para realizar la hispanización deseada de las Filipinas. Sin embargo, desde 1898, cuando los Estados Unidos ganaban el control de las Filipinas, hasta 1939, el inglés tenía mucho éxito como lengua casi universal por todas partes de las islas. Los Estados Unidos lograban hacer efectiva una planificación lingüística que incorporaba varias partes del gobierno, del sistema academico, y de la sociedad general de las islas. Aunque los filipinos han desarrollado otra lengua, el pilipino, como lengua nacional desde la terminación del control estadounidense, este cambio es la prolongación de la planificación lingüística eficaz de los Estados Unidos para una lengua de éxito para las Filipinas. Dentro los cambios, el inglés todavía ha mantenido su posición como lengua importante en las islas. Las diferencias entre la planificación española y las acciones estadounidenses explican los resultados opuestos de las dos lenguas como lenguas nacionales de las Filipinas. 

El fracaso del español

Debido a varios fatores, los españoles no podían desarrollar su lengua como la lengua universal de las Filipinas. La primera razón era la multitud de y el espacio entre las islas y sus poblaciones indígenas. Este problema geográfico era complicado por las acciones de los misioneros, que se empeñaban en enseñar a los indios usando las lenguas indíginas, a pesar de los decretos reales que mandaban el uso del español. El gobierno colonial no podía hacer cumplir los decretos del rey porque no tenía la infraestructura ni el poder necesario para controlar las situaciónes lingüístias fuera de la capital Manila. La última razón que aseguraba el fracaso del español era la falta de un sentimiento filipino nacional que tenía como su símbolo de identidad la lengua española. 

La primera dificultad que los españoles encontraban era el tamaño inmenso de las islas filipinas. La evangelización de los indígenas no significaba la transformación de sólo una raza o una lengua indígena, sino de “más de trescientos dialectos agrupados provisionalmente en setenta grupos lingüísticos diferentes”(Quilis: 1985, p.136). Los grupos incluían los malayos, los negritos, los indonesios, los chinos, y los moros. La diversidad de los grupos no era el único problema: estos grupos vivían en un territorio que “tiene una extensión de cerca de 300.000 km2 repartidos entre 7.083 islas e islotes” (p.135). Todos los obstáculos de la unidad lingüística en las Filipinas tenían como antecedentes estas cifras inhóspitas. 

Las acciones de los misioneros que trabajaban con los indígenas impedían más la capacidad de la lengua española como la lengua nacional de las Filipinas. Los misioneros venían a la colonia filipina como agentes de la corona católica española, y “una de los objetivos principales de la colonización española era la diseminación del cristianismo católico romano” (“one of the major objetives of Spanish colonization was to spread Roman Catholic Christianity”) (Bauzon: 1991, p.104, traducción mía)[1]. Al principio de su evangelización, los frayes se daban cuenta que “se desarrollaban insuficientemente las lenguas nativas para expresar los dogmas de la fe católica romana” (“the native languages were insufficiently developed to convey the dogmas of the Roman Catholic faith”) (p.104). A pesar de los decretos de la Corona, los misioneros decidieron desarrollar estas lenguas nativas para mejorar su habilidad para enseñar a los indios. Los frayes traducieron los libros religiosos y algunos seiscientos libros de vocabulario y diccionarios, utilizando ochenta lenguas. El erudito Leonard Newell reivindica que esta hazaña es “con mucho lo más importante hasta la fecha” para el desarrollo del léxico filipino (“by far the most important to date”) (1991, p.45). Este desarrollo “constituyó los ‘principios de planificación lingüística en las Filipinas’… [y] impidió la difusión del español como un medio de comunicación entre los filipinos” (“constituted the ‘beginnings of language planning in the Philippines’… [and] prevented the diffusion of the Spanish language as a medium of communication among the Filipinos”) (Bauzon: 1991, p.104-105)[2]. El apoyo de las lenguas indígenas por los frayes permitía la separación continua de los españoles (menos los frayes) y los indios. 

Los misioneros mantenían esta separación entre los españoles laicos y los indígenas para asegurar su propio poder. Los frayes comprendían la lengua española como la “ventana [de los indígenas] a las ideas liberales y filosóficas de embriagar [de Europa]” (“[the indigenous people’s] window to the intoxicating liberal and philosophical ideas [of Europe]”) (Bauzon: 1991, p. 105). El autor Onofre Corpuz cita a un diplomático español que notó que “las experiencias nos han enseñando que los [indígenas] que conocen nuestra lengua casi siempre son los más testarudos de los pueblos… que se rebelan contra los curas y los gobernadores provinciales” (“experience has taught us that those who know our language are almost always the most headstrong in the pueblos… who rebel against the curates and provincial governors”) (1965, p.37). Otros españoles pensaban que los misioneros oponían el uso del español por los indios porque podía “tener un efecto de unificación… y, de ese modo, poner en peligro la posición preeminente [de los misioneros] en la sociedad colonial” (“have a unifying effect… and, thereby, endanger [the missionaries’] preeminent position in colonial society”) (p.105). 

A pesar de los mandatos repetidos por el rey español, la educación con y el desarrollo de las lenguas indígenas continuaban por los tres siglos del control español; como consecuencia de esta planificación subversiva y esta separación de las fronteras lingüísticas, el español tenía mucha dificultad en hacerse la lingua franca de las Filipinas. La situación internal del gobierno filipino sólo empeoraba las posibilidades de la lengua española. El gobierno central de las islas no funcionaba con eficaz, de hecho un español observó, “…parece que se goviernan por barrios como behetrías; cada barrio tiene su principal: no podimos entender que entre ellos hobiese algún prinipal o gran señor” (Quilis:1985, p.136)[3]. Otro español de la época dijo, “…en las Philippinas [sic]… no avía rrey [sic] común que governase aquello…” (p.136)[4]. La debilidad del gobierno central se manifestaba más obviamente en el sistema educativo y en el sistema de comunicación, como dijo el autor Franciso Cañamaque: 

No causa ménos dolor que el estado deplorable de la enseñaza, el deplorabilísimo de las comuniaiones. ¿Y es posible nada en un pueblo de más de seis millones de almas que carece casi en absoluto de comunicaciones? Hay poquísimas carreteras, y estas en censurable descuido… (1880, p.49). 

A causa de esta falta de carreteras, el gobierno no podía extender su poder más allá de los alrededores de la capital Manila. De hecho, un fray de la época dijo, “en las Philipinas, … en la ciudad de Manila ay [sic] españoles, pero en los pueblos de los yndios [sic] no vive español ninguno” (Quilis: 1985, p.138, cf. la nota 4). Una consecuencia de los problemas infraestructurales era un sistema de educación de baja calidad. Las Filipinas no tenían maestros suficientes para alcanzar todas las islas. Más, la distancia entre España y las Filipinas aseguraban que no hubieran inmigrantes (laicos) suficientes de España para formar un grupo de maestros y eruditos que pudiera realizar el deseo del gobierno español para la educación en español de los indios de los pueblos pequeños de las islas (Bauzon: 1991, p.104 y Quilis: 1985, p.139). Sin la infraestructura necesario y sin los números de inmigrantes, el gobierno central de las Filipinas no podía hacer cumplir los decretos lingüísticos de la Corona de España.

El español necesitaba superar demasiadas dificultades que se oponían a su establecimiento como lingua nacional de las Filipinas. Las multitudes de razas e islas diferentes dividían las Filipinas, y los españoles siempre luchaban contra estas dificultades intrínsicas. Su deseo de “hispanizar” a los grupos indígenas perdió a los deseos de los misioneros, quien en el nombre del otro deseo de España, la evangelización, desarrollaban las lenguas indígenas en perjuicio de la lengua española. El aislamiento y la falta del contacto lingüístico con otras lenguas que resultaban servían para estigmatizar a los indígenas, y ellos vivián sin una unidad ni un sentimiento nacional. Estos problemas se complicaron por las varias dificultades del gobierno central de las islas. A causa de todos estos problemas, a la terminación de su control sobre las Filipinas (1898), sólo dos por ciento de la población tenía la fluidez con la lengua española (Gonzalez: 1991, p. 10). Parecía que sería imposible el desarrollo de una lingua franca para las islas filipinas. 

El éxito del inglés

Cuando los Estados Unidos ganaron las islas filipinas de España durante el año 1898, la situación lingüística era una de fragmentos y de aislamiento entre todas las lenguas de las islas. España no había realizado nada menos el fracaso total de sus deseos para el español como la lengua de identidad de las Filipinas. Con una planificación lingüística nueva, los Estados Unidos transformaban las Filipinas a una nación con una lengua que muchos podían utilizar. El éxito del inglés empezó con el estatus alto de la lengua entre los eruditos, los diplómatos, y otras personas de prestigio. Los Estados Unidos estudiaban la situación lingüística de su nueva colonia y desarrollaban un sistema de la educación muy ambicioso. La habilidad del inglés de cambiar y adaptar a las situaciones nuevas facilitaba su éxito. Dentro sólo cuarenta años, el inglés realizaba el fin más dificil, que siempre era imposible para todos los anteriores: el principio de una unificación lingüística de las Filipinas. 

El inglés casi era la lingua franca de todo el mundo, y la oportunidad de las islas filipinas de aprenderlo era muy importante. Bauzon nota, “…porque la lengua [inglesa] daba una ventana a las ideas liberales del Oeste, el inglés dentro de poco se hacía la lengua común en los dominios gubernamentales, profesionales, comerciales, y diplomáticos” (“…because the language provided a window to liberal Western ideas, English soon became the common language in the governmental, professional, commercial, and diplomatic domains”) (1991, p.101). En las Filipinas, el inglés “indica[aba] una superioridad educacional y social” (“denote[d] educational and social superiority”) (Villacorta: 1991, p.38). Una manifestación de esta reputación lingüística era el establecimiento del sistema pensionado, en que estudiantes filipinos excepcionales podían recibir una educación universitaria en los Estados Unidos hacia las carreras profesionales en las Filipinas. Con programas así y con el sistema de educación dentro las islas basados en el inglés, todos los filipinos conocían el valor del inglés como una lingua franca de un atractivo y de un uso universal (Bauzon: 1991, p.106). Bonifacio Sibayan observa que “mientras aumentaba el número de personas que poseyeron el inglés modernizado intelectualmente, el destino del español intelectualizado era previsible: el abandonamiento y la ‘muerte’” (“as the number of those who possessed intellectually modernized English increased, the fate of intellectualized Spanish was predictable: abandonment and ‘death’”) (Sibayan: 1991, p. 72). 

Los Estados Unidos sabían que el prestigio sólo de su lengua no era suficiente para su éxito. Al principio de su control sobre las islas, los Estados Unidos establecieron las “comisiones de Schurman y Taft para estudiar las condiciones en las Filipinas y para consolidar el poder del gobierno civil de los EE.UU. sobre los ciudadanos filipinos” (“the Schurman and Taft commissions to study conditions in the Philippines and consolidate power of the civil government of the U.S. over the Filipino people” (Bauzon: 1991, p.106). El gobierno colonial de los Estados Unidos “gastaron sumas fabulosas en la introducción del uso del inglés… [y después de dos años] ya se habían establecido unas 1000 escuelas, con más de 100.000 escolares, entre niños y adultos” (Quilis: 1985, p.140-141). Se mandó el uso del inglés como la lengua de enseñar. A diferencia del mandato inútil de la Corona español durante los siglos anteriores, “la lengua inglesa era introducido como lengua de instrucción en las Filipinas por los soldados americanos en siete escuelas primarias en Manila en el primer día de septiembre de 1898” (“the English language was introduced as a language of instruction in the Philippines by American soldiers in seven elementary schools in Manila on September 1, 1898”) (Sibayan y Gonzalez: 1990, p.269-270). Mientras los misioneros españoles tenían sus propias ideas contrarias a los mandatos del rey sobre la educación de los indígenas, los soldados estadounidenses siguieron las ordenes de sus superiores; y la planificación lingüística del inglés podía empezar.

Otro factor que ayudaba la diseminación del inglés por las Filipinas era el carácter de la lengua. Sibayan caracteriza el inglés como “una lengua flexible; hospedaba muchos artículos vocabularios y expresiones para encargarse de las realidades filipinas” (“a flexible language; it accommodated many vocabulary items and expressions to take care of Philippine realities” (Sibayan: 1991, p.73). Bauzon nota que “palabras filipinas han entrado la lengua inglesa, como carabao, mango, y abaca” (“Filipino words have found their way into the English language, such as carabao, mango, and abaca”) (Bauzon: 1991, p. 107). Así, “una inglés modernizada popularmente diseminó con rapidez entre la gente común” (“a popularly modernized English rapidly spread among the common people”) (Sibayan: 1991, p.73). El inglés ha tenido éxito como la lengua casi universal de las Filipinas a causa de su habilidad de utilizar las fuerzas del contacto y la asimilación lingüística. 

Después del cambio del control sobre las islas filipinas en 1898, todo el mundo reconocía el prestigio del inglés como una lengua importante para lo diplomático, para los negocios, y para lo académico. Las hazañas intelectuales y profesionales del inglés causaban dentro muchos filipinos el deseo de conocer esta lengua. El gobierno estadounidense desarrollaba un sistema de la planificaciónlingüística que incorporaba aspectos del corpus y del estatus. Se realizaban los mandatos lingüísticos del gobierno de los Estados Unidos. Debido a la habilidad del inglés para adaptar, esta lengua gozaba mucho éxito como la primera lengua de las islas filipinas que se acercaba el nivel de una lengua nacional. Al fin de la época americana (1939), 26.5 por ciento de la población hablaba una forma del inglés (Gonzalez: 1991, p.10). Se realizaba todo ésto dentro cuarenta años con muchas de las mismas condiciones desfavorables que veían los españoles durante sus trescientos años de poder. 

Conclusión: La transición a la lengua filipina 

Antes de la terminación del gobierno estadounidense en las Filipinas, muchos pensionados volvían a las Filipinas con un nacionalismo nuevo. Las autoridades filipinas se daban cuenta la necesidad de las Filipinas de tener una lengua nacional endoglósica. Siguiendo la planificación del inglés en las islas, las Filipinas establecieron el Instituto Nacional de la Lengua en 1936, y decidieron el próximo año que se basaría su lengua nacional endoglósica en el tagalo. La planificación de corpus continuó con un libro de la gramática dentro algunos años. Desde el crecimiento de la lengua filipina (se funde en el tagalo) como lengua nacional, había un “conocimiento desarrollando de los derechos de todos los grupos y comunidades étnicos” (“a growing awareness of the rights of all ethnic groups and communities”) (Gonzalez: 1991, p.12). El sistema de la educación todavía utiliza el inglés, especialmente con las matemáticas y las ciencias, pero al subir los años en las esuelas, hagan hincapié en el estudio del filipino (Bauzon: 1991, p.108). El desarrollo del filipino ha continuaba por algunos decenios, y Gonzalez puede decir que el “[f]ilipino apareció surgir como una linga franca” (“[F]ilipino appeared to be emerging as a lingua franca”) (1985, p. 65). 

La situación lingüística en las Filipinas es muy complicada. El hecho que han pasado unos cuatrocientos años y todavía no hay ninguna lengua universal de las islas indica las dificultades. Aún así, el desarrollo de un sistema de planificación lingüística hace cien añospor el gobierno estadounidense para las Filipinas ha servido como el raíz del nuevo nacionalismo que ha producido su propia lengua nacional. Esta lengua nueva, sin duda, continuará su lucha contra todas las fuerzas divisivas hasta que todos los filipinos puedan comunicarse con una lengua nacional. Para intregarse como una nación unida y estable, las Filipinas necesitan tener el éxito completo que eludía a los españoles y que sólo era visión distante para los Estados Unidos. 

Obras citadas:

Bauzon, Leslie E. (1991). Language planning and education in Philippine History. International Journal of the Sociology of Language. 88: 101-119.

Cañamaque, Francisco (1880). Las islas filipinas (de todo un poco). Librería de Fernando Fé, Madrid.

Corpuz, Onofre D. (1966). The Philippines. Prentice Hall, Inc. Englewood Cliffs, N.J.

Gonzalez, Andrew B. (1985). Language use surveys in the Philippines (1968-1983). International Journal of the Sociology of Language. 55: 57-77.

--------- (1991). Studies on language and society in the Philippines: state of the art. International Journal of the Sociology of Language. 88: 5-18.

Newell, Leonard E. (1991). Philippine lexicography: the state of the art. International Journal of the Sociology of Language. 88: 45-58.

Quilis, Antonio. (1985). Historia de la lengua española en Filipinas. Hispanic Linguistics. v. 2, no. 1: 133-152.

Sibayan, Bonifacio P. (1991). The intellectualization of Filipino. International Journal of the Sociology of Language. 88: 69-77. 

Sibayan, Bonifacio P., y Gonzalez, Andrew B. (1989). English language teaching in the Philippines: a succesion of movements. Teaching and Learning English Worldwide. 269-296.

Villacorta, Wilfrido V. (1991). The politics of language in the Third World: toward theory building. International Journal of the Sociology of Language. 88: 33-43. 



[1]Todas las traducciones del inglés al español son mías. Incluiré las palabras originales en el inglés del autor.
[2] Bauzon cita la tesina de Emma J. Fonancier Bernabe que se titula Language Policy Formulation, Programming, Implementation, and Evaluation in Philippine Education (1565-1974).
[3] Quilis cita una Colección de Documentos inéditos, 1886, Doc. 27, p.262.
[4] Otra vez, Quilis cita otra obra. Aquí es la de Lewis Hanke (1977, p. 206).